Cultura, habla y práctica médica

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Playa de El Aaiún (Marruecos)

En la práctica médica occidental es corriente que el médico de familia inicie la entrevista con una pregunta general, formulada más o menos así:

- ¿Cómo se encuentra?
— ¿Qué le pasa?
— ¿Qué le duele?
— …

Se da por sentado que la pregunta en sí no tiene importancia puesto que si el paciente acude a la consulta del galeno es debido a que sufre algún tipo de dolencia. El “¿cómo se encuentra?” serviría como acto comunicativo de apertura en un diálogo tendente a descubrir una percepción –siempre subjetiva- de la enfermedad, pero que ayuda al médico en el proceso de diagnóstico. Esta rutina dialogal presenta importantes matices según el ámbito cultural en el que se desarrolla.

La antropología médica, disciplina que trata de estudiar la conducta humana en torno a la salud, la enfermedad y los procesos terapéuticos, puede ayudarnos a realizar una precisión mayor sobre la comunicación médico-paciente.

Así, no podemos hablar de una práctica médica estandarizada para el conjunto de la población mundial, a pesar de que instituciones sanitarias internacionales (Organización Mundial de la Salud, por ejemplo), establecen criterios y protocolos de trabajo. Sin embargo la realidad es bien distinta. Incluso en un mismo hospital el personal especializado utilizará diversas formas de entender el ejercicio de la medicina, basado en la formación, el estrato social y la personalidad de cada individuo; pero no menos importante, basado también en el componente cultural, económico y en los “estilos” de hacer medicina, propios de cada lugar. Un mismo hospital puede representar toda una etnografía a desarrollar por un antropólogo avisado.

Si esta peculiaridad del ejercicio de la medicina tiene tal diversidad en un centro cerrado, qué podemos decir de espacios abiertos, áreas geográficas bien definidas y, más importante aún, qué podemos decir de la interacción que se está produciendo entre los diversos modelos culturales que en la actualidad convergen en nuestras ciudades merced al fenómeno migratorio.

Hoy el profesional de la medicina no puede dar por sentado que su paciente entienda correctamente el significado de la pregunta “¿cómo se encuentra?”, y mucho menos su intencionalidad, que obedece a un uso específico de la lengua en un marco culturalmente cerrado.

Así las cosas, se requiere una verdadera reforma del habla especializado, teniendo en cuenta su diversidad lingüística y cultural en pleno proceso de adaptación y cambio. Ante este panorama, la consulta médica puede volverse aún más complicada. No se trata de lograr que el paciente hable el idioma del médico, sino que “entienda” expresiones y usos del habla probablemente ajenos a su condición cultural.

Esto lo he podido comprobar en Mauritania y Marruecos. En estos países existen lenguas comunes: el árabe clásico, el francés, el bereber, el hassaniyya y sus numerosas variedades en función del territorio y los contactos entre lenguas. En Marruecos predomina el uso del árabe dialectal marroquí –que presenta importantes diferencias entre el norte y el sur- y el francés como lengua colonizadora y ahora en retroceso. En Sahara Occidental y Mauritania el árabe es también idioma oficial y el francés ocupa el mismo puesto que en Marruecos, pero la población está en contacto con otros pueblos africanos y habla otras lenguas (Fula, Soninké, Wólof,…).

Estos países, por tanto, donde el conjunto de sus habitantes tienen influencias de al menos cuatro idiomas, incluido el francés y en algunas zonas el español, presentan una enorme variedad lingüística que se traduce asimismo en un “ecosistema cognitivo” sumamente complejo.

Hablaríamos de tres esferas –al menos- que interaccionan en el pensamiento y usos culturales de marroquíes y mauritanos:

  1. La esfera religiosa, en la que predomina la práctica del Islam.
  2. La esfera lingüística, con varias lenguas y numerosos dialectos y hablas locales.
  3. La esfera cultural, compuesta por subculturas, ritos y costumbres.

Los préstamos de vocablos son, por tanto, algo habitual; pero ¿lo es también la adaptación cognitiva al significado propio de cada lengua? ¿La interacción idiomática conlleva también el entendimiento cultural?

Las observaciones que he podido realizar en estos países africanos, en países de Europa y del continente americano no me han proporcionado hasta la fecha pistas significativas. Para algunos antropólogos y lingüistas hay una evidencia en dicha asimilación cultural. No en vano se dice que Estados Unidos constituye un “crisol de culturas”. Algunos expertos afirman incluso que el país es un “cementerio de lenguas”, pues toda comunidad con lengua propia que es estable allí, acaba por perderla para adoptar el inglés como lengua madre. Esto está por ver con la pujanza del español en tierras estadounidenses. Pero aunque así fuere, es probable que esta característica de los Estados Unidos sea una excepción a la regla.

En cualquier caso, incluso en USA la adopción del idioma nacional no implica correlación con la cultura mayoritaria. ¿Adónde quiero ir a parar con estos ejemplos? Fundamentalmente deseo dejar claro que la interacción cultural y los préstamos idiomáticos no representan la comprensión de expresiones y formas de habla habituales. Es típico escuchar en una conversación entre marroquíes, saharauis o mauritanos la palabra al-hamdulilah (Las alabanzas son para Dios). Este vocablo se utiliza habitualmente de forma incluso inconsciente no sólo por ellos, sino por cualquier musulmán creyente, con independencia de su nacionalidad. En algunos casos, puede pronunciarse cientos de veces al día. He escogido esta palabra porque a menudo el lenguaje religioso está muy ligado al “lenguaje de la salud y de la enfermedad”. En efecto, al-hamdulilah sugiere un “abandonarse en la Providencia” (junto con la otra expresión no menos frecuente incha-Allah –si Dios quiere-), el reconocimiento de que finalmente tal o cual cosa dependerá únicamente de Dios. Pero en la conversación cotidiana, al-hamdulilah actúa en numerosas ocasiones como muletilla desprovista de toda intencionalidad.

¿Qué quiere decir el paciente –me preguntaba yo- cuando ante la pregunta del médico “¿cómo se encuentra?” el enfermo pronunciaba la expresión al-hamdulilah. ¿En realidad era consciente de querer abandonarse en la voluntad divina? ¿Era un acto de agradecimiento? ¿O una forma de hablar? ¿Se trata de una respuesta? Yo diría que no porque dicho vocablo no responde literalmente ninguna cuestión sino que alaba al Creador; es decir, para el musulmán “todo está bien incluso si se sufre una adversidad”. Se trata de un acto de fe que excluye cualquier interpretación mundana. Todos los actos de la vida son ¡al-hamdulilah!, igual que todo sucede ¡incha-Allah!

El paciente que acude a la consulta del médico, ante la pregunta ya referida, dirá inevitablemente al-hamdulilah, aunque se esté retorciendo por el dolor. El mecanismo cognitivo que subyace tras dicha expresión está anclado en la experiencia religiosa –comunitaria y personal-. Por tanto, no útil en la praxis del médico, el cual tendrá que utilizar otras preguntas y estrategias para procurarse una información más precisa por parte de su paciente. Este ejercicio implica una verdadera interacción que tiene lugar en un espacio comunicativo muy reducido y que depende, en última instancia, de las influencias culturales del interlocutor.

Podría parecer que determinadas expresiones como “al-hamdulilah” se utilizan indistintamente en cualquier circunstancia, otorgándoles el mismo significado. ¿Esto es así? No necesariamente. La incertidumbre cultural impregna también los actos cotidianos. En Mauritania el vocablo “al-hamdulilah” tiene un uso extendido en el contexto religioso; pero su empleo en situaciones concretas como el “acto médico” es mínimo. No sucede así en el Sahara Occidental, donde se utiliza en cualquier tipo de situación. Por regla general el médico mauritano tiene que “adivinar” la sensación o sensaciones de su paciente, antes incluso de hablar con él. La razón es sencilla: los pacientes se “agrupan” inconscientemente en la sala de espera según el tipo de dolencia que ellos creen padecer. O esta es la intención. Otra característica propia que resultaría impensable en un consultorio médico de Occidente.

Si la conducta sobre la comunicación médico-paciente obedece a tantas situaciones, ¿cómo poder realizar un ejercicio metodológico eficaz para estudiar la conducta humana en todas sus dimensiones, y explicar la red causal que traza su recorrido desde lo social a lo mental, esto es, desde la cultura a la mente y al cerebro?

Ya decía Whorf que los seres humanos al ser socializados y al adquirir una lengua adquieren con ella una forma de ver el mundo. En definitiva, todos tenemos tendencia a pensar en las cosas de la manera en que nos ha sido inculcada nuestra cultura. Y desde esta perspectiva nos damos a entender en las numerosas facetas de la vida.

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Transforma tu cuerpo entero en visión, hazte mirada. (Rûmi) | Email: yelua@yahoo.com

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