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Qué difícil es amar al enemigo; pero la Biblia -y también el Corán, aunque algunos no quieran reconocerlo- establecen el amor como elemento fundamental en las relaciones con los demás. Claro, Jesús no se anda con medias palabras y sublima esta cuestión, como nos narra el evangelio de Mateo.

¿Se puede amar al enemigo? ¿Se puede amar al que nos hace daño? ¿Y al que intenta destruirnos, quitarnos la vida? ¿Es posible amar a asesinos y terroristas que han cercenado la vida de nuestros seres queridos?

Si repasamos los textos evangélicos nos damos cuenta que Jesús sublima el amor fraterno, el ´ágape`, palabra griega que significa amor fraterno, ayudar al prójimo a mejorar, lo que también implica corregir y reprender, es decir, ser agentes de cambio en nuestro entorno.

El papa Francisco ha hablado en distintas ocasiones sobre esta cuestión. En concreto, en la homilía del 18 de junio de 2013, en Santa Marta, dijo:

«Jesús nos dice dos cosas: primero, mirar al Padre. Nuestro Padre es Dios: hace salir el sol sobre malos y buenos; hace llover sobre justos e injustos. Su amor es para todos. Y Jesús concluye con este consejo: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”». Por lo tanto, la indicación de Jesús consiste en imitar al Padre en «la perfección del amor. Él perdona a sus enemigos. Hace todo por perdonarles. Pensemos en la ternura con la que Jesús recibe a Judas en el huerto de los Olivos», cuando entre los discípulos se pensaba en la venganza.

«Jesús nos pide amar a los enemigos -insistió-. ¿Cómo se puede hacer? Jesús nos dice: rezad, rezad por vuestros enemigos». La oración hace milagros; y esto vale no sólo cuando tenemos enemigos; sino también cuando percibimos alguna antipatía, «alguna pequeña enemistad».

Es cierto: «el amor a los enemigos nos empobrece, nos hace pobres, como Jesús, quien, cuando vino, se abajó hasta hacerse pobre». Tal vez no es un «buen negocio», o al menos no lo es según la lógica del mundo. Sin embargo «es el camino que recorrió Dios, el camino que recorrió Jesús» hasta conquistarnos la gracia que nos ha hecho ricos.

Por otra parte el Islam hace una distinción clara entre el amor fraterno hacia las personas y el amor a sus actos. Es decir, se puede amar a los demás pero odiar sus actos o carácter. En determinadas ocasiones este amor exige ayuda o amonestación. Otras veces exigirá defensa, detención, imputación criminal… pero, en cualquier caso, debe prevalecer la naturaleza amorosa de la relación.

En definitiva, no existen «medias tintas». Hay que amar, sean cuales sean las circunstancias.
Este comentario lo escribo cuando he sido objeto de ataques sistemáticos por parte de una persona que, por la razón que sea y que no alcanzo a entender, se ha dedicado a la difamación y la maledicencia. Evidentemente mi actitud siempre nace del amor, es dialogante y conciliadora, pidiendo perdón si he cometido alguna falta y tratando de resolver la situación; pero en ocasiones -como la que estoy viviendo desde hace aproximadamente un año- el ´enemigo` no está dispuesto a conversar y sigue en su línea de acoso y derribo. Ante esta situación, mi única ´arma` es el amor y el perdón, abrirme de corazón y -como decimos en mi tierra- «hacer de tripas corazón». Orar y pedir a Dios por esa persona y su bienestar. Sin rencor, sin enemistad, sin temor,…

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Transforma tu cuerpo entero en visión, hazte mirada. (Rûmi) | Email: yelua@yahoo.com

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