Abandono y contemplación

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Abandono y contemplación

Para la meditación de esta mañana he utilizado un texto del evangelio de Lucas y otro del Corán.

El primero dice así:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. (Lucas 14).

El texto del Corán que escogí dice:

Y le provee desde donde no lo espera. Todo aquél que deposite su confianza en Dios, Él es suficiente para él (Sura 65,3).

Los textos aludidos constituyen aguijones en la mente de los creyentes. En los textos sagrados existen numerosos pasajes donde se habla del abandono y confianza en la voluntad de Dios. Pero es difícil seguir esa indicación si no tenemos una fe fuertemente asentada en nuestro corazón.

Jesús lo dice claro: para seguirlo hay que abandonarse en su voluntad, que no es otra que la voluntad divina. El Corán confirma este requisito. El abandono. Esto significa un alejamiento de las cosas mundanas, un querer vivir solo para Dios, estar en el camino que conduce a su morada, pues quien está en ese proceso tiene cubierta su vida por la gracia divina.

Cuando la fe no es sólida surgen la duda y el temor. La explicación es sencilla: no confiamos en la compasión y misericordia de Dios.

Desde el abandono de uno mismo surge el descanso del corazón ante la fatiga que origina el cotidiano existir.

Sólo Dios basta, sólo Dios merece toda nuestra atención.

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